Aislamiento: Primero el Cuerpo, Luego la Casa

ropa interior térmica 1Podríamos llenar una biblioteca con los informes y libros que describen la importancia de los sistemas de calefacción energéticamente eficientes y el aislamiento del hogar. Sin embargo, nada se ha dicho o escrito sobre el potencial de ahorro energético de las prendas de vestir, a pesar de todos los avances que en esta área se han realizado.

La ropa interior térmica moderna ofrece la posibilidad de bajar el termostato sin tener que sacrificar ni la comodidad ni el lucimiento. El potencial ahorro de energía es enorme, el coste insignificante.

Este artículo explica científica y estadísticamente cómo mantener el confort térmico sea cual sea la temperatura interior mediante el uso de la ropa adecuada.

Aislar térmicamente el cuerpo es mucho más energéticamente eficiente que aislar el espacio en el que este se encuentra.

En las últimas décadas, el aislamiento de viviendas y la eficiencia energética de los aparatos de calefacción han mejorado considerablemente. Estos avances han producido importantes ahorros de energía en el consumo de combustibles. A pesar del crecimiento de la población, el aumento de los niveles de confort, y una tendencia a construir casas más grandes, el consumo total de energía para la calefacción de los hogares estadounidenses bajaron de 5.320 millones  de BTU en 1993 a 4.300 millones de BTU en 2005, un 20% menos (fuente). La misma tendencia se observa en otros países industrializados.

Sin embargo, la calefacción consume cantidades ingentes de energía, casi toda ella de combustibles fósiles y por si esto fuera poco estas cifras no tienen en cuenta la energía empleada en demoler edificios antiguos y construir nuevas viviendas, más eficientes energéticamente. Algunos estudios (fuente – pdf) indican que se necesitan de 35 a 50 años antes de que esta energía incorporada se recupere. Esto significa que si un edificio nuevo, eficiente, no durase tanto tiempo provocaría un mayor consumo de energía — aunque en las estadísticas aparecerá de otra forma.

Es de esperar que se produzcan nuevas mejoras en la eficiencia energética de edificios y sistemas de calefacción, pero aparte de la energía incorporada necesaria para hacer las viviendas más eficientes, surge un problema adicional que impide la reducción rápida y pronunciada en el consumo de energía: el costo.

Introducir el aislamiento en las casas y aparatos de calefacción energéticamente más eficientes es costoso, esto significa que muchas personas simplemente no pueden permitírselo. También está el problema de los “incentivos divididos”: el propietario de una casa alquilada no tiene interés alguno en mejorar la eficiencia mientras sea el inquilino quien pague las facturas de calefacción.

Temperatura Interior Ambiente

Otra de las maneras de reducir el consumo de energía para calefacción sin estas desventajas es bajar la temperatura en el termostato y ponerse más ropa. Aunque la temperatura ambiente casi nunca se menciona como un factor en el uso de energía, es un factor determinante en el consumo de energía de los sistemas de calefacción — al igual que la velocidad de un automóvil es un factor determinante en la energía consumida por el motor.

Precisar cuánta energía puede ahorrarse mediante la reducción del termostato depende de la temperatura exterior. En los climas templados, bajando el termostato sólo 1 ° C se obtiene un ahorro energético que podemos cifrar alrededor del 9 al 10 por ciento (fuentes: 1 & 2 – P20, pdf).

Por lo que he podido averiguar, nadie ha publicado un informe científico sobre la evolución de la temperatura invernal media en interiores a lo largo de la historia reciente. Hoy en día, la Sociedad Americana de Ingenieros de Calefacción, Refrigeración y Aire Acondicionado (ASHRAE) recomienda una temperatura de invierno bajo techo entre 21 y 23 grados Celsius. Un informe holandés (Pdf, en neerlandés) menciona que se produjo un aumento de la temperatura media de invierno bajo techo entre 20 ° C en el año 1984 a 21 ° C en 1992. David MacKay menciona una temperatura ambiente media de 13 ° C (55 ° F) en el Reino Unido en 1970.

Si bien estos datos fragmentarios distan de ser suficientes para demostrar que ha habido un aumento de la temperatura media en los interiores, basta contar con la experiencia de muchas personas de edad suficiente como para constatar que ver la televisión en camiseta en invierno es un fenómeno relativamente reciente. No parece existir duda alguna de que nuestro nivel de bienestar ha aumentado gradualmente gracias a mejores sistemas de calefacción.

Hemos de tener en cuenta que la reducción del consumo de energía en calefacción de interiores gracias a la construcción de hogares más eficientes fue inferior al 20 por ciento de 1993 a 2005. Esta reducción se podría haber conseguido bajando el termostato 2 ° C. Bajar el termostato de 22 ° a 18 ° C conseguiría un ahorro energético de al menos un 35 por ciento. Y, como veremos, temperaturas interiores aún más bajas son perfectamente posibles sin por ello tener que sacrificar comodidad.

Nuestro cuerpo como sistema de calefacción

Cuando hablamos de la calefacción, no tenemos en cuenta el hecho de que es nuestro propio cuerpo es un calefactor. Nuestra temperatura corporal es de aproximádamente 37 ° C, y gran parte de la temperatura cutánea es de alrededor de 33 ° a 34 ° C. Debido a que la temperatura del medio ambiente es a menudo menor nuestro cuerpo constantemente irradia calor al exterior. Un pequeño porcentaje de este calor se debe a la respiración, pero la mayor parte de nuestra emisión de calor se produce a través de la piel. Para limitar esta transferencia de calor desde la piel hasta el medio ambiente, la mayoría de los mamíferos (y aves) están cubiertos de pelo (o plumas). Los humanos no tenemos esta protección y por eso hemos recurrido a la ropa desde que dejamos atrás nuestros orígenes en África (donde hacía tanto calor como para sobrevivir sin capas adicionales de ropa).

La ropa no calienta por sí misma — sólo regula, disminuyendo, la velocidad con la que el calor corporal escapa hacia el exterior. Esto ocurre por el calentamiento de la capa de aire entre la piel y la ropa. El aire es relativamente un mal conductor de calor, lo que viene a ser lo mismo: un buen aislante. La misma técnica se aplica al aislar una casa. La única diferencia radica en que en el caso de un edificio pueden usarse materiales aislantes más rígidos y voluminosos pués un edificio no tiene por que moverse o sentirse cómodo.

Naturalmente, el aislamiento del cuerpo es mucho más eficiente energéticamente que el aislamiento del espacio en el que este cuerpo se encuentra. Aislar el cuerpo sólo requiere una pequeña capa de aire a calentar, mientras que un sistema de calefacción debe calentar y mantener caliente todo el aire de una habitación para lograr el mismo resultado.

Las propiedades térmicas de la ropa: la unidad de medida “clo”

Las propiedades aislantes de la ropa pueden ser expresadas en “CLO”-unidades, donde una unidad “clo” es igual al aislamiento térmico necesario para mantener a una persona en reposo (por ejemplo, un alguien que se relaja en el sofa) indefinidamente cómodo a una temperatura de 21 ° Celsius. El “clo”, derivado de la palabra inglesa “cloth”, en castellano, “ropa”, no es una unidad estándar internacional (la unidad estándar internacional de la resistencia térmica es m² K / W, donde 1 clo corresponde a 0,155 m² K / W), pero tiene la ventaja de ser fácil de entender: una “clo” es igual al aislamiento de un hombre vestido con un traje de tres piezas (camisa, pantalón, chaqueta del traje) y ropa interior fina.

Burton, quien definió la unidad clo, escribió en 1946:

“Nos pareció que podríamos explicar incluso a un general o almirante, sin necesidad de darle una clase de física para la que no tenía ni tiempo ni paciencia, que su uniforme tenía alrededor de una unidad clo de aislamiento térmico, el abrigo otra unidad clo, y que juntos le proporcionarían un total de dos unidades clo.”

En Europa, se desarrolló una unidad similar llamada “tog” (argot británico para la ropa), lo que equivale a 0,645 clo. Ambos valores se pueden comparar con el valor R de la construcción de materiales de aislamiento, donde 1 clo equivale a 0,88 R (o 1 R equivale a 1,137 clo). El valor clo es más utilizado que el tog, por lo que aquí usaremos la unidad américana. Los valores en unidades clo de las prendas de ropa se calculan usando un maniquí térmico.

El mantenimiento del confort térmico

La unidad clo es una unidad interesante porque nos permite calcular con precisión qué ropa tenemos que llevar para sentirnos cómodos a cualquier temperatura ambiente interior. Según la “Enciclopedia de la salud y la seguridad”, el valor clo requerido para mantener una sensación térmica neutra se eleva a alrededor de 2,7 clo a una temperatura interior de 10 ° Celsius. Cuando la temperatura interior cae a 0 ° C, el aislamiento térmico necesario se eleva a 4 clo.

Por regla general, cada cambio de 0,18 unidades clo compensa 1 ° C de descenso de la temperatura del aire (según la Sociedad Americana de Ingenieros de Calefacción, Refrigeración y Aire Acondicionado – ASHREA).

Un “clo” es igual al aislamiento térmico necesario para mantener un adicto a la televisión con un traje típico de negocios, cómodo por tiempo indefinido, a una temperatura de 21 ° Celsius.

De esta forma, se puede calcular el valor clo de cualquier pieza de vestir y de cualquier conjunto. El ASHREA, la ISO y algunos otros equipos de investigación han listado cientos de piezas de ropa individuales con sus correspondientes valores clo (ver fuentes).

Una camiseta de manga corta tiene un valor de aproximadamente 0,10 clo, mientras que una camiseta sin mangas ofrece aproximadamente 0,06 clo, un panty supone aproximadamente 0,20 clo. Una camisa de manga corta tiene un valor de aislamiento de 0,15 a 0,25 clo, mientras que una camisa de manga larga ofrece alrededor de 0,20 a 0,30 clo.

Suéteres de manga larga ofrecen de 0,20 a 0,40 clo, los pantalones ofrecen de 0,25 a 0,35 clo, y una falda larga o túnica 0,22 a 0,77 clo. Los calzoncillos añaden un aislamiento térmico de 0,05 clo, mientras que los calcetines proporcionan de 0,04 a 0,10 clo. La ropa interior larga ofrece de 0,20 a 0,35 clo para la parte superior, así como la parte inferior.

Todos estos valores pueden simplemente sumarse para calcular el “valor clo” total de un conjunto de ropa. Un método alternativo es medir el espesor de un conjunto de ropa: cada capa de 2 centímetros de espesor redunda en un valor de 1,6 clo.

Ahorro de costes energéticos

A la vista de estos datos, puede demostrarse fácilmente cómo pequeños cambios de aislamiento en la ropa pueden tener un profundo impacto en los costos de calefacción y gasto en energía. Una persona que usa calzoncillos (0,05 clo), calcetines ligeros (0,05 clo), un a camiseta (0,10 clo), una gruesa camisa de manga larga (0,25 clo), un suéter (0,30 clo) y pantalones largos (0,30 clo) esta protegido por un aislamiento térmico total de 1 clo, lo que significa que esta persona permanecerá cómoda descansando delante de la televisión a una temperatura de 21 ° Celsius.

Sin embargo, sin la gruesa camisa y suéter, este valor desciende a 0,55 clo. Esto significa que ver la televisión usando sólo una camiseta requiere una temperatura del aire de 24 ° Celsius con el fin de mantener la comodidad térmica lo que conduciría a un aumento en el consumo de energía del 20 a 30 por ciento.

Por otra parte, si esta persona combina su conjunto original (incluyendo gruesa camisa y suéter) con un conjunto completo de ropa interior larga, eleva su aislamiento a 1,7 clo, lo que permitiría que a aproximadamente 17 ° C pudiera seguir sintiéndose igualmente confortable, pero ahorrando de 30 a 40 por ciento en costos de calefacción y uso de energía en comparación con el traje de invierno normal, siendo el ahorro, en comparación con el atuendo de sólo una camiseta en la parte superior del cuerpo del 50 al 70 por ciento en costos de calefacción y consumo de energía.

¿Cuántas piezas de ropa se pueden usar?

Cuando hablamos de ropa común, elevar el valor clo de un conjunto se consigue básicamente añadiendo más peso en ropa. Una regla general es que el “valor clo” es igual a 0,15 veces el peso de la ropa en libras. Esto es lo mismo que decir que la vestimenta que proporciona 1 clo de aislamiento pesa 6,6 libras ó sea 3 Kg.

La relación entre el confort térmico y peso ropa explica por qué tendemos a preferir una temperatura superior a la adición de más ropa. Si queremos permanecer confortables a una temperatura en el interior de 0 º Celsius (4 clo), deberíamos llevar 26 libras (12 kg) de ropa. El Ejército de EE.UU. encontró en la década de 1960 que el máximo de unidades clo que permitirían a un hombre mantener la movilidad y destreza suficiente para tareas militares estaría situada entre 4 y 5 clo.

Una capa de ropa interior térmica permite rebajar la temperatura del termostato en al menos 4 ° C, ahorrando así hasta un 40% de energía de calefacción.

El peso adicional de la ropa limita nuestros movimientos y también los adictos a la televisión necesitan levantarse de vez en cuando.

Ropa interior larga`High-tech

Sin embargo, las cosas han cambiado. Las agencias militares, el espacio y la industria de ropa deportiva han mejorado considerablemente la relación calor/peso de la ropa en las últimas décadas. Esto ha supuesto la creación de una línea muy variada y atractiva de ropa ligera con altos valores clo. Una gran parte de este progreso se consigue gracias al empleo de nuevos materiales sintéticos.

Si bien éstos se han utilizado en la confección de todo tipo de prendas de vestir (suéteres, pantalones, chaquetas), su importancia para el uso en interiores es especialmente relevante en el caso de la ropa interior larga. Esta capa de ropa (que en realidad es usada en combinación con calzoncillos o pantis) es la que posee el mayor potencial para sustituir a un sistema de calefacción.

El coeficiente de bombeo

Debido a que se ajusta firmemente alrededor del cuerpo, la ropa interior larga tiene un óptimo “coeficiente de bombeo”. El coeficiente de bombeo es otro factor que define el aislamiento de la ropa, además de la valor clo. Viene a ser el valor que refleja el intercambio de aire producido por el movimiento del usuario.

Incluso las personas más pausadas se mueven de vez en cuando, y esta actividad puede modificar la capa de aire aislante alrededor del cuerpo, perturbando momentáneamente el confort térmico.

Debido a que el coeficiente de bombeo es mucho mas favorable para la ropa interior que para prendas holgadas como los ponchos, pantalones anchos o gruesos suéteres de punto, la ropa interior larga ofrece más confort térmico incluso con valores “clo” similares. Otro factor a tener en cuenta es el efecto chimenea: incluso sin movimiento, la ropa holgada permite ventilar las capas de aire atrapadas, reduciendo así el aislamiento.

La ropa interior larga tiene más ventajas sobre otras opciones de ropa. No oculta la forma del cuerpo lo que le confiere cierto atractivo, algo que comúnmente preocupa tanto a hombres como a mujeres. Se puede llevar debajo de la ropa normal, y por último y no menos importante, se puede usar en capas, mejorando aún más en el valor de aislamiento: varias capas delgadas atrapan mas aire que una sola capa, más voluminosa.

Según la Fuerza Aérea de los EE.UU., una capa de ropa interior larga ( pantalones largos + camiseta de manga larga) posee un valor de 0,6 clo mientras que dos capas de ropa interior confieren 1,5 clo. En otras palabras mediante el uso de dos capas se consigue más que la simple suma de sus valores “clo”.

Combinando esta prenda con un traje normal (o un conjunto similar más cómodo), el aislamiento térmico se eleva a 2,5 clo, valor suficiente como para mantener un adicto al sofá cómodo indefinidamente a una temperatura de 12,7 ° Celsius sólo — muy debajo de las temperaturas ambiente interiores comunes de hoy en día. Este conjunto de ropa podría producir una reducción en el consumo de energía para calefacción de interiores de hasta el 80 por ciento.

Con dos capas de ropa interior térmica, el valor de aislamiento es mayor que su suma. Lo que hace que sea perfectamente posible mantener el confort térmico a temperaturas de incluso por debajo de 10 ° C.

Por desgracia, los valores clo de la ropa interior térmica moderna no ha sido incluido en sus documentadas descripciones generales. Sin embargo, incluso esta información fragmentaria sugiere valores clo más altos que los de los calzoncillos largos tradicionales. Cálculos bien documentados de excursionistas aficionados (ver por ejemplo aquí) muestran valores clo de al menos el doble de los de la ropa interior larga mencionada por la Fuerza Aérea de los EE.UU. (por ejemplo, 0,66 clo de la pieza superior solo).

Esto significaría que el mismo confort térmico podría lograrse con el uso de una sola capa de esa ropa interior larga más el equivalente de un traje de invierno (2,5 clo a 12,7 ° C), o bien el uso de dos de esas capas, además del traje, podría ofrecer confort para una persona en reposo en un espacio interior a 0 ° C (usando 4 clo de ropa).

Otra indicación del potencial de ahorro energético de la ropa interior técnica son los valores “clo” de los diferentes materiales. De acuerdo con el “Manual de los tejidos técnicos”, las relaciónes calor / peso de tejidos de fibra como el poliéster y el acrílico son de 2,5 a 8 veces más altos que los de las telas tejidas y de punto como la lana o el algodón (material utilizado para la ropa interior larga tradicional). Tejidos como Thinsulate ofrecen relaciones calor / peso 13 a 17 veces las del algodón y la lana.

Materiales sintéticos o materiales naturales?

Puede parecer extraño el promover el uso de ropa sintética en un blog como Low-tech Magazine. Sin embargo, ambos materiales; naturales y sintéticos, tienen ventajas e inconvenientes y ambos pueden ser una opción sostenible a pesar que las prendas sintéticas se fabrican a partir de combustibles fósiles. Esto es especialmente cierto cuando la ropa se utiliza como sustituto de un sistema de calefacción, la energía ahorrada al bajar el termostato es mucho mayor que la energía necesaria para la fabricación de las prendas que lo posibilitan. En efecto, estas prendas de alto coeficiente de aislamiento demuestran cuán valiosos son los combustibles fósiles como material y lo estúpido que es quemarlo.

La ropa interior sintética no sólo tiene un valor de aislamiento mayor que los materiales naturales, sino que es más duradera, confortable (muchas personas no pueden tolerar la lana) y pueden ser muy baratas. Los principales inconvenientes de la ropa interior sintética es su alta inflamabilidad y su tendencia a atraer la suciedad. La ropa interior térmica sintética debe lavarse con frecuencia, proceso que consume energía.

Esto no es tan acusado en la ropa usada en interiores como la que se usa para deportes al aire libre. Es bien sabido que los adictos a la televisión casi no sudan. Por otra parte, la ropa sintética se seca más fácilmente, esto significa que no es preciso encender la secadora después del lavado. Y por supuesto, podemos lavar la ropa en una lavadora a pedales, y el agua caliente necesaria provenir de una caldera solar, eliminando así por completo el uso de energía fósil (y permitiendo que te calientes mientras haces la colada…).

Dicho esto, las ropas sintéticas no son una necesidad. Incluso el uso de ropa interior, hecha de materiales naturales como el algodón y la lana, proporciona ahorro de energía. El algodón tiene un valor de aislamiento relativamente bajo, pero una capa completa de ropa interior larga de algodón sumaría al menos 0,4 clo a su confort térmico – lo suficiente para bajar la temperatura interior en 2,5 ° C y ahorrar más de un 20 por ciento en las facturas de calefacción.

El uso de la lana puede más que duplicar este potencial ahorro al sumar aproximadamente 1 clo con una capa completa de ropa interior larga (lo que permite una reducción de la temperatura ambiente en más de 6 ° C). La lana reapareció como material utilizado para la ropa de senderismo y montañismo en la década de los 90, hasta el punto que permitió a Icebreaker situarse como el primer fabricante del mercado con ropa interior térmica de lana.

La compañía utiliza la lana de ovejas merinas de Nueva Zelanda, que producen algunas de las lanas más finas y suaves posibles. Patagonia también ofrece una colección de ropa interior de lana merina, y varios fabricantes europeos (Mammut, Woolpower y Helly Hansen) de mezcla de lana merina con materiales sintéticos. Esto confiere a la ropa más durabilidad — la lana se desgasta mucho más rápido que los materiales sintéticos.

Una ventaja de la lana frente a tejidos sintéticos (y sobre otros materiales naturales) es que mantiene buen olor durante más tiempo . Ya no es preciso lavar frecuentemente. El mayor inconveniente de la lana merina es el precio: Es difícil encontrar un conjunto completo de ropa interior larga por menos de 200 euros. Pero insistimos: esta inversión se amortiza rápidamente si permite bajar el termostato.

Confort térmico: más que la ropa y la temperatura del aire

El confort térmico no sólo depende de la temperatura del aire y las propiedades de aislamiento térmico de la ropa por sí solos. De hecho, más de una docena de otros factores , tanto personales como ambientales, juegan un papel importante. Sin embargo, los factores ambientales tienen una importancia mucho menor para el confort térmico en interiores que en exteriores. La ropa en interiores no tiene por que ser a prueba de viento, impermeable o ser capaz de absorber la transpiración.

Más allá de la temperatura del aire, los factores ambientales que influyen en el confort térmico son la temperatura media radiante, humedad relativa y la circulación del aire. Los dos últimos se incluyen en la definición del valor clo, pues se estipula que la humedad relativa ha de ser menor del 50 por ciento y la velocidad máxima del aire de 6 metros por minuto (aire estancado). El viento tiene una profunda influencia en el aislamiento térmico de la ropa cuando estamos al aire libre, ya que altera la capa de aire aislante entre la piel y la ropa. En los ambientes interiores el movimiento del aire es un factor a no tener en cuenta, aunque se debe considerarse que cualquier corriente de aire puede reducir el confort térmico de un conjunto de ropa.

El calor radiante influye enormemente en el confort térmico cuando estamos al aire libre. La radiación solar puede hacer que se sienta calor incluso cuando la temperatura del aire es baja. En los interiores, la influencia de la radiación solar es mucho menor. Sin embargo, puede influir positivamente en el confort térmico del interior, porque la luz solar que entra en la habitación la absorben paredes y muebles, y se libera gradualmente. Ocurre así en las casas pasivas y en viviendas calentadas por una estufa de azulejos, donde el calor radiante es un factor importante en el confort térmico.

Los factores ambientales son mucho menos importante para el confort térmico en el interior que en el exterior. La ropa en interiores no tiene por que ser a prueba de viento, impermeable o ser capaz de absorber la transpiración.

Junto con el “valor clo” y el “coeficiente de bombeo”, el tercer factor que define el aislamiento térmico de la ropa es el “índice de permeabilidad”. Las propiedades térmicas de la ropa se degradan drásticamente al mojarse, bien sea por el sudor o por la humedad externa. Esto puede ser muy peligroso si se está realizando ejercicio físico al aire libre en un clima frío debido a que en los descansos el cuerpo, sudoroso, pierde calor con más rapidez que si estuviera seco, lo que puede dar lugar a una hipotermia y provocar la muerte. Naturalmente, el índice de permeabilidad no tiene ninguna importancia para los adictos a la televisión, ellos no sudan y la lluvia no les preocupa lo más mínimo.

La actividad humana en interiores

El factor más importante que influye en el confort térmico — incluso más importante que la temperatura del aire y de la indumentaria — es la actividad humana es decir la generación de calor corporal (la tasa metabólica). Por ejemplo, mientras se requieren 12 clo en vestimenta para mantener a una persona en reposo caliente a una temperatura extremadamente baja de -40 ° C, solo se necesitan 4 clo, cuando, a la misma temperatura, esta persona está andando, y sólo 1,25 clo cuando está corriendo a 16 km / h.

Una de las razones más obvias por las que nuestros antepasados podían soportar bajas temperaturas interiores, es porque eran más activos físicamente que la mayoría de nosotros.

Es revelador que uno de nuestros mecanismos de defensa contra el frío sea aumentar la producción de calor interno. Esto se consigue primero tensando los músculos y en última instancia tiritando, procesos fisiológicos estos, capaces de multiplicar por cinco la producción de calor corporal, de 100 vatios en reposo, a aproximadamente 500 vatios.

La tasa metabólica también tiene una profunda influencia en temperaturas no extremas. Mientras que una persona en reposo (cómodamente repantingado en el sofá) requiere un aislamiento térmico de 2,7 clo a una temperatura interior de 10 ° Celsius (50 º F), este se reduce a sólo 1,7 clo si esta persona está realizando una actividad ligera (escribir , dibujar o tener una conversación animada). En este caso, la combinación de ropa interior con el equivalente de un traje normal es suficiente para mantener o darle calor.

Como regla general, cada incremento de 30 vatios en la producción de calor permite que la temperatura de confort pueda descender 1,7°C. Por otra parte, cuando se duerme en lugar de estar sólo en reposo, el aislamiento térmico necesario se duplica — es decir para dormir confortable se precisan 2 clo a una temperatura de 20 ° Celsius. Esta es la razón por la que los sacos de dormir pueden tener un aislamiento térmico de más de 10 clo.

Otros factores personales, que no las prendas de vestir o la actividad, pueden también contribuir a la comodidad térmica. Los hombres parecen tolerar temperaturas más bajas que las mujeres, y tanto los niños pequeños como los ancianos necesitan temperaturas más altas para mantener su confort térmico. La investigación ha demostrado que — incluso independientemente de la edad y el sexo — la gente tiene preferencias diversas en lo que a la temperatura ideal se refiere. Por otra parte, las personas también se acostumbran a las temperaturas reinantes, esto es fácilmente apreciable en las diferencias culturales. Los valores clo que se han establecido para las diferentes temperaturas del aire en interiores no son así más que directrices — han de tenerse en cuenta las diferencias personales y culturales.

Manos y pies

El “valor clo” tiene en cuenta toda la superficie del cuerpo y por lo tanto incluye la transferencia de calor por las partes expuestas del mismo (cabeza y manos, en algunos casos, también los brazos, las piernas, los pies o el torso). Tanto el aislamiento que proporciona la ropa como la cobertura de la piel son determinantes en la pérdida de calor. En la vida real los dos están correlacionados en el sentido de que la ropa de invierno no sólo nos protege mejor, sino que también implica una proporción mayor del cuerpo que la ropa de verano.

El factor más importante que influye en el confort térmico – incluso más importante que la temperatura del aire y la ropa – es la producción de calor corporal.

Las manos y los pies son siempre las primeras zonas afectadas cuando la incomodidad térmica se manifiesta. Junto con la cabeza y el cuello, pierden calor más rápidamente que otras partes del cuerpo. Sin embargo, es importante tener en cuenta que si el cuerpo como un todo se mantiene lo suficientemente caliente, las manos y los pies no se ven muy afectados por la disminución de la temperatura en interiores.

El enfriamiento de las extremidades es otra reacción de defensa del cuerpo, cuando la baja temperatura interna corporal. Este mecanismo termorregulador – “vasoconstricción” – reduce el flujo de sangre a los capilares de la piel, mejorando así el aislamiento al limitar la pérdida de calor. Este mecanismo afecta a todo la superficie del cuerpo, pero debido a la pequeña relación masa / superficie de las extremidades, la vasoconstricción tiene un efecto más eficaz en manos y pies.

A temperaturas extremadamente frías, la vasoconstricción puede salvarnos la vida — a pesar de que podría costarnos la pérdida de algunos dedos de manos y pies, o algo peor. Con el fin de mantener la temperatura corporal (que es vital para la supervivencia), el cuerpo sacrifica primero dedos de las manos, de los pies y la nariz , seguido de las extremidades. Debido a que la vasoconstricción sólo se produce cuando la temperatura corporal cae, estos efectos tan dramáticos no suceden si se está bien abrigado.

Si nos abrigamos bien cuello y pies mejoraremos considerablemente nuestro confort térmico, haciendo innecesario el uso de guantes o gorras en interiores. En realidad, no importa mucho qué partes del cuerpo elijamos aislar — lo crucial es limitar la pérdida de calor, de modo que la temperatura corporal interna se mantenga estable. Por ejemplo, si nos cubriésemos en interiores con una gorra de gran capacidad aislante, podríamos prescindir de todo lo demás y sentirnos cómodos a bajas temperaturas vistiendo ropa relativamente ligera.

¿Es posible vivir sin calefacción?

Por supuesto, este artículo no pretende que nos desprendamos totalmente de los sistemas de calefacción, aunque en algunos climas sería posible — ahorrando no tan sólo los costos de calefacción, sino también los de instalación de sistemas de calefacción y otras inversiones. Sin embargo, para muchos de nosotros, un sistema de calefacción sigue siendo una necesidad, aunque sólo sea porque en ocasiones las temperaturas suelen descender por debajo del punto de congelación (las tuberías se congelarían y mantener el confort térmico completo mediante la vestimenta sería muy dificultoso).

Pero incluso así, el uso de la ropa interior térmica supondría una importante reducción en el consumo de energía haciendo posible reducir la temperatura interior media en unos pocos grados y acortar la temporada de calefacción en un par de meses.

El potencial ahorro en energía, que un uso adecuado de la ropa produciría, es tan grande que no puede ser ignorado — aunque, de hecho, es justo lo que sucede . Esto no significa que los aislamientos y sistemas eficientes de calefacción no deban fomentarse. Para reducir el gasto energético en calefacción estos tres objetivos deben perseguirse, pero la mejora del aislamiento mediante el uso de ropa interior térmica es obviamente el más barato y fácil de alcanzar.

Un último inconveniente es que los visitantes ocasionales que no usen estas prendas pueden sentirse incómodos aunque usted y su familia están confortables y tal vez no sea muy educado ofrecerles una capa extra de ropa interior térmica.

© Kris De Decker (traducido por Jordi Parra)

Fuentes y más información:

  • “Handbook on clothing: biomedical effects of military clothing and equipment systems”, second edition, Ralph F. Goldman & Bernhard Kampmann, 2007.
  • “A comprehensive data base for estimating clothing insulation”, ASHRAE, E.A. McCullough, 1984
  • “US Air Force Survival Book”, The United States Air Force, 2008
  • “The best clothing combinations for backpacking or hiking?”, Backpackinglight.com
  • “Some like it hot”, Alan Meyer, Home Energy, 1994
  • “Handbook of technical textiles”, A.R. Horrocks & S.C. Anand, 2000
  • “Climate and clothing”, Lieutenant-Colonel J.M. Adam, 1969
  • “Encyclopedia of occupational health and safety”, Jeanne Mager Stellman, 1998
  • “Clothing and modern human behaviour: prehistoric Tasmania as a case study”, Ian Gilligan, 2007
  • “HVAC Handbook – thermal comfort by INNOVA”
  • “Essentials of exercise physiology, volumen one”, William D. McArdle, 2000
  • “ISO 9920 international database: Ergonomics of the thermal environment — Estimation of thermal insulation and water vapour resistance of a clothing ensemble”. (2007).  Esto parece ser una lista más reciente de los valores clo para piezas de ropa comunes. no consulté este documento porque me parece demasiado caro (+ 200 dólares). Si alguien tiene acceso a ella, los comentarios son siempre bienvenidos.
  • “Temperature control fabrics, 2007 edition”, Research & Markets. Este informe podría tener datos más precisos sobre los clo-valores de ropa interior moderna. Yo no lo consulte por el alto precio (325 euros).
  • “Oxford dictionary of Sports Science & Medicine”, 2006

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